FAQ

¿Cuándo debemos ir a un psicólogo clínico o psicoterapeuta?

Muchas veces no logramos un bienestar emocional, cuando el malestar emocional se expresa en forma de ansiedad, desmotivación, baja autoestima, es importante permitirse poder entender y observar lo que nos pasa. Poder poner palabras a lo que vamos sintiendo para elaborar la comprensión de nosotros mismos.

Darse una oportunidad para generar cambios que nos permitan modificar la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

La función del psicoterapeuta es ayudarnos a plantear las dudas, inquietudes, miedos, inseguridades que todos tenemos y poder ir afrontándolos poco a poco, trabajando con los recursos de cada uno.

  • Cuando conectamos con sentimientos de fragilidad, incomprensión, temor y no sabemos como gestionarlos y sobrellevarlos en nuestra vida cotidiana.
  • Cuando todo a nuestro alrededor lo sentimos como amenazante, y con la sensación de soledad.
  • Cuando los malestares, tensiones, “nervios a flor de piel” que nos provocan ansiedad e incapacidad para poder gestionar y reaccionar a los envites e imprevistos de la vida.
  • Cuando la falta de motivación e ilusión y todo parece tener una monotonía sin alicientes ni satisfacciones.
  • Cuando sentimos miedo a salir a la calle, quedar con la gente, permanecer en un sitio cerrado, incapacidad para coger un avión, etc. Todo esto nos puede impedir disfrutar de las experiencias que nos ofrece la vida.
  • Cuando el estrés empieza a mostrarse a través de síntomas corporales: dolores de barriga, migrañas, cambios de humor bruscos, disfunciones sexuales, etc.
  • Cuando las dificultades para gestionar nuestras emociones y poderlas expresar a los demás asertivamente y podernos relacionar de forma más sana y constructiva.
  • Cuando muchas veces para aplacar inquietudes, tensiones, malestares, nos empezamos a obsesionar con cosas, realizamos gestos o conductas repetitivas y las necesitamos para sentirnos aliviados.

¿Cuándo solicitar ayuda para su hijo?

Es muy importante que las personas que viven el día a día de los niños, estemos pendientes de observar la conducta de los pequeños para notar como nos trasmiten sus malestares y poder entenderlos y ayudarlos. Es entonces cuando la ayuda externa puntual o de seguimiento nos puede beneficiar, ya que los niños muestran sus inquietudes y dificultades de adaptación a través del comportamiento.

  • El habla
  • Control de esfínters
  • La relación con los otros
  • El sueño
  • Carencia en los hábitos de autonomía
  • La lectura y escritura
  • Cambios de humor
  • Enfado
  • Lloro
  • Oposicionismo,
  • Etc.

También pueden expresar desde lo pasivo:

  • Mostrándose callados
  • Aislados
  • Pocas ganas de jugar
  • Acercarse a todo el mundo
  • Hacer como si nada pasara
  • Etc.

Es ante estos síntomas un buen momento para acudir a un profesional para que pueda realizar una evaluación y diagnóstico de la situación.

¿Cuáles son los pasos a seguir?

En el caso de los niños, a través de la primera entrevista y sucesiva exploración y evaluación, se valorará el tipo de tratamiento a seguir y la implicación de progenitores y de la escuela para aunar las líneas del tratamiento.

En los adolescentes los pasos a seguir pueden variar según el caso, pero si bien es cierto que en esta etapa los pacientes deberán tener una mínima predisposición al tratamiento, de lo contrario puede ser difícil conseguir una buena evolución. Es importante que el adolescente entienda que la terapia debe ser libre y no impuesta, para que su implicación sea mayor. En este caso, el entorno del adolescente deberá acompañarlo en el proceso del tratamiento. Los padres, el centro educativo o instituto, ya que éstos son pilares para el paciente que ayudaran a desarrollar una mejor terapia.

En adultos, normalmente es la misma persona la que solicita el poder iniciar una terapia y se procede con las entrevistas personales para concer y tratar el caso personal. Suele haber una motivación genuina, propia y concienciada de querer cambiar o modificar una situación, malestar, conflicto…

En todos los casos, sea por uno mismo o por los hijos, es muy importante realizar una primera consulta para determinar si las dificultades aconsejan o no la intervención terapéutica y que tipo de intervención sería la más adequada.

Cuando va a iniciar una terapia no hay que sentirse cohibido, debe solicitar toda la información que necesite y plantear todas las dudas o inquietudes hasta quedar satisfecho, y tener la seguridad de que el profesional que le atenderá puede ayudarle y ofrecerle el mejor trato posible.

¿Cómo se realiza la evaluación?

La familia, el entorno más habitual del menor, el colegio son la primera y más importante fuente de información para la evaluación de las dificultades y los trastornos de los niños y adolescentes.

Lo primero es entrevistarse con el paciente y conocer su realidad y su motivo de consulta. Hay que ir viendo a través de la entrevista cual es el posible origen de la problemática y que aspectos son constantes y se mantienen en el tiempo.

Se realiza una anamnesis (historia biográfica) en la que los padres y el niño/a o chico/a van proporcionando datos de enorme importancia y relevancia para comprender la problemática. Se abordan datos importantes sobre acontecimientos vitales y de trascendencia para la vida psíquica y emocional de todos los componentes de la familia: estado de salud, accidentes, cambios en la vida del niño, nacimiento y/o muerte de familiares, cambios de colegio, enfermedades de alguno de los progenitores, ambiente familiar, etc. Seguidamente se realizan diferentes pruebas para profundizar y evaluar con más detalle los elementos perturbadores y disfuncionales. En ocasiones para completar el diagnóstico es necesario un trabajo o colaboración en equipo con otros profesionales: psiquiatras, logopedas y avanzar en un pronóstico global que conseguirá mejores resultados.

Si el caso lo demanda y es necesario, también se realizan visitas domiciliarias para observar el funcionamiento familiar. De esta manera se obtiene más información de primera mano y se visualizan comportamientos y actitudes para poder trabajar con más precisión.