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Cosas que no deberían hacer los padres con sus hijos

En muchas ocasiones los padres me consultan sobre cómo deben actuar con sus hijos, que cosas deben o no deben hacer. Suelen ser padres preocupados por la crianza de sus hijos y que intentan hacerlo lo mejor posible. Hoy voy a hablaros sobre algunas de las cosas que no deberían  hacer los padres con sus hijos a la hora de criar, educarlos y relacionarse ellos.

Cosas que no deberían hacer los padres con sus hijos

Sobreproteger

Una de las grandes dudas de los padres y la sociedad a la hora de educar a sus hijos. ¿Dónde está la línea entre proteger y sobreproteger? Nunca es fácil saber si se protege o sobreprotege. Proteger es transmitir al hijo que los padres están a su lado, le ayudan, le cuidan pero sin evitar a toda costa que tu hijo se caiga, se equivoque, se enfade, etc. Si no se permite que la frustración esté presente en la vida de los hijos, se está sobreprotegiendo. La frustración es necesaria para crecer y madurar. La sobreprotección conlleva criar personas dependientes y sin límites, es decir personas con poca empatía y tremendamente inseguras para tomar decisiones

Falta de continuidad

Una de las coas más difíciles, y que son del día a día, es que los padres trasmitan una una cotidianidad llena de constantes cambios, ya no solo de horarios sino emocionales. Si los padres se dejan arrastrar por sus estados emocionales y los transmiten a sus hijos constantemente, éste pierde la referencia sobre lo que es un cuidado seguro y tranquilo. Los padres deben ser transparentes sobre como se sienten pero no expresarlo sin antes pensar en las consecuencias  y el impacto que supone a los hijos. Ser padre requiere de un esfuerzo de autocontrol y capacidad de reflexión. No hay que confundir ser expresivo y espontáneo con estar continuamente dando a “conocer” como los padres se sienten emocionalmente o sobre sus desencuentros en la educación de los hijos.

Castigar mal

Otro gran tema de discusión y debate entre los padres. Castigar debe ser un recurso puntual a la hora de educar no la única. Recurrir al castigo constantemente lleva a que el hijo aprenderá que la represión es la única vía de relacionarse. Castigar deber ir siempre acompañado de la reflexión por lo que ha pasado y la posibilidad de que los hijos puedan reparar lo que hayan hecho. El castigo debe ser proporcional a la acción que haya acontecido y deben quedar muy claros los términos del castigo (duración, sanción…).  En adolescentes es mejor castigar reduciéndole las horas de consola, que castigarle sin salir, o haciendo más deberes, etc.

Comprar a los hijos

Aunque se intente, o se diga que nunca se hace, los padres comparan a sus hijos. No es cuestión de que nunca se haga, porqué es imposible pero sí que hay que evitarlo y aún más cuando es para resaltar algo negativo de uno de los hijos. Comparar lleva a rivalizar y a pretender querer agradar a los padres. Eso creo complejos de inferioridad, de fracaso. Los hijos son únicos y deben ser tratados en la diferencia. Más que homogenizar hay que educar en la diferencia y en poder convivir con ella.

No poner límites

Iría muy relacionado con el sobreproteger. Los límites son buenos y deben existir. Como en todo, debe haber los justos y adecuados. Es algo que siempre debe repensarse porqué van cambiando como lo hacen los hijos a medida que crecen. Los límites trasmiten que los padres quieran a los hijos, los cuidan. Lo límites deben ser flexibles y no rígidos pero también es importante que a los hijos les queden claro hasta donde se puede llegar. Los límites crean relaciones de confianza y respeto.

Hacerlos mayores antes de tiempo

Hoy en día se ven muchos casos de padres que tiene prisa para que sus hijos crezcan y se espabilen por si solos en algunas cuestiones como los estudios, o en cuando son adolescentes, ya deban tener novia, o salgan hasta horas poco adecuadas para su edad. Pero al mismo tiempo, aún les preparan el desayuno, les colocan la ropa en el armario, les llaman y controlan constantemente. Esto acaba generado un estilo de relación ambivalente en el que no queda claro que es hacerse mayor y que es ser responsable.

 

 

 

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