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El arte de educar

Aunque parezca una obviedad, no nacemos educados con lo que tenemos que hacer, sino que necesitamos a alguien que nos ayude, nos acompañe en este largo proceso. Como padres, educar a los hijos es algo que también se debe aprender y ser muy consciente, de que hay una gran responsabilidad y ascendencia en los actos hacia los hijos. Las conductas, acciones, tanto las que se ven como las que no se ven, son aprendizajes que los hijos recibirán y ellos adaptaran y utilizaran en su vida. Es el arte de educar.

Los padres sensibles y empáticos intentan entender y responder adecuadamente a su hijo. buscando un vínculo seguro y estable, que permita al hijo poder crecer en un entorno de protección pero sin caer en la sobreprotección que a la larga tanto daño y sufrimiento genera en las personas.

No hay que olvidar que estamos educando a personas que aunque sean nuestros hijos, son ante todo, individuos que deberán ser responsables, autónomos y capaces de poder hacer frente a los avatares de la vida. Sin sufrimiento no hay capacidad de saborear la felicidad.

¿Entonces que es lo que se debe hacer? No hay una receta o fórmula única pero si hay una actitud y mirada en como lo hacemos. Os dejo algunos consejos a modo de reflexión para que os puedan ayudar un poco.

#elartedeeducar

 

Promover y proteger la salud mental de los niños. Se debe procurar que tengan las necesidades básicas cubiertas. El que los hijos carezcan de hambre, sueño, higiene y salud, se generan posibles efectos muy contraproducente en la salud mental del niño para toda su vida.

Demostrar afecto. Sin afecto no hay vínculo, sin vinculo no hay relación y sin relación hay sufrimiento y graves trastornos. Los padres deben ofrecer a su hijo su amor y estima hacia él. No hay nada más terrible para un niño sentir que sus padres lo rechazan.

Dedicarle tiempo. Sin tiempo de calidad, no hay la posibilidad de construir un vínculo. Cuando alguien se convierte en padre o madre debe ser muy consciente de que sus prioridades cambiaran. No hay que caer en el error que con hijos no hay tiempo sino que el tiempo es destinado a poder crear vínculos y afecto seguro hacia el hijo.

Incentivarlo, motivarlo y felicitarle. No hay nada más importante para un niño, de que sus padres se sientan orgullosos de él. Felicítalo cuando haga algo que le esté haciendo feliz. Muestra tú alegría. Se sentirá que lo que hace tiene un valor, una importancia.

Ayudarle a ser autónomo. Siempre es difícil dejar “caer” a un hijo. Debemos aceptar y dejar que los hijos se equivoquen. Sin equivocarse, sin fallar, no podrán aprender que son capaces de poder ir encontrando soluciones.

Ayudarle a pensar y reflexionar. Ayúdale a poder pensar sobre sus actos, las consecuencias de estos, buscar alternativas si no les funciona algo. Este proceso genera capacidad de afrontamiento y resolución de conflictos.

Tolerar la frustración. Si se educa para que los hijos toleren y acepten la frustración de lo que no se puede tener, conseguir, como algo que forma parte de la propia vida, se estará formando a personas competentes, asertivas, realistas y proactivas.

Poner límites. Nada de lo que se pueda enseñar a un hijo es efectivo si no hay límites. Los límites ayudan a entender que la vida es importante, las cosas son importantes y un debe poder adaptarse a lo que se encuentra. Los límites, con coherencia y cierta flexibilidad, ayudan a que los hijos sientan que alguien los cuida y los protege. Recordad que cada niño es diferente y cada padre debe adaptarse a lo que su hijo le ofrece. Vuestro hijo es y será único pero deberá forma parte de un grupo. Ayúdale y acompáñale a poder conseguirlo.

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